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Grandes ausencias y testimonios que pueden salvar más de una vida

John White

Una vez la cara colorada, y ciento verde, que es verdad. Ayer asistí a la II Mesa Redonda sobre el estado de la aviación española, organizada por Aviación Digital, en la sede de la Asociación de la Prensa en Madrid. Representantes de pilotos, controladores, técnicos de mantenimiento, bomberos aeroportuarios, tripulantes de cabina y expertos en psicología de la aviación formaron un frente de 10 hombres justos y quien quiso pudo escuchar de sus bocas muchas de las cosas que la prensa generalista no suele publicar y que la administración, por lo general, trata de ocultar.

A pesar del lugar elegido para el acto, la Asociación de la Prensa,  fue más que notable la ausencia de algunos de los periodistas españoles especializados en aviación (Marisa Recuero, Antonio Ruiz del Arbol, Lara Otero, Miguel Angel Gavira, etc) al parecer debida a que muchos de ellos habían sido invitados masivamente a otro evento social en el que probablemente alguien les sirvió canapés y no se sentirían incómodos por la lejanía del poder. En la calle suele hacer mucho frío.

El sello en bronce que preside la fachada de la asociación muestra a dos niños moviendo una roca. Uno de ellos hace de punto de apoyo mientras el otro la levanta. Este sello es una buena metáfora de lo que un buen grupo de profesionales intentaron ayer: mover la rigidez y la inmovilidad de la administración española sirviendo los unos de apoyo de los otros.

Al acto asistieron representantes de la Asociación de Víctimas del Accidente del Spanair 5022 (AVJK5022), encabezados por Pilar Vera, una mujer fuerte y decidida cuya honradez y franqueza hizo de acicate ante el inmobilismo pétreo de la administración, tanto del Ministerio de Fomento – que se ocupa exclusivamente de la privatización de AENA como mercachifle ambulante del patrimonio español- y de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), total y absolutamente intervenida por los intereses de la industria y del Gobierno de turno. Que no asistieran a pesar de estar invitados al acto es muy revelador. Unos de los asistentes por la AVJK5022 perdió a su hermana en el avión y él mismo y su novia salvaron la vida de milagro. Otro, a sus hijos. Las lágrimas asomaban en su cara aunque no hacían mella en su determinación para que ese desgraciado accidente no volviera a producirse.

La anécdota fue la asistencia, a título personal y muy honroso, de un ingeniero de AENA, cuyo revisionismo histórico al cuestionar los 47 incidentes de tipo A (cuasicolisiones) durante el año 2010 en España fue recibido con abucheos. El que fuese la propia AENA la que suministrase ese dato a Eurocontrol para la elaboración del Performance Review Report no parecía ser conocido por este ingeniero. No obstante, si el resto de técnicos de AENA aprendiesen de la valentía de este caballero y acudiesen a estos actos la salud de la navegación aérea española mejoraría notablemente.

La degradación de la seguridad aérea en España es escandalosa. Las constantes presiones económicas y políticas ejercidas por la administración, la industria y los políticos contra todos los profesionales aeronáuticos se puso una vez más de manifiesto en palabras de cada uno de los asistentes.

Se habló de la grave siniestralidad de los trabajos aéreos, especialmente de la sufrida por los helicópteros: pocos minutos después de concluir el acto se supo de la colisión de dos helicópteros en Albacete con saldo provisional de un fallecido. También se habló de las presiones que reciben los tripulantes de cabina, a los que muchos consideran «azafatos» pero que deben garantizar la evacuación segura de la aeronave ante un accidente. Los técnicos de mantenimiento de aeronaves hablaron de la falta de formación, de las prisas a las que les someten sus empresas. Los técnicos de mantenimiento aeronáutico comentaron un curioso caso de interferencias electrónicas porque «alguien de arriba» no sabe nada de antenas y puso dos cuando una sola habría bastado. Lacasa, del COPAC, denunció la piratería de algunas compañías y el trapicheo de los brokers de contratación de pilotos. Cristina Antón, controladora, preguntó a los pilotos presentes hasta que punto recibían presiones de sus compañías, y estos se lo confirmaron.

Al final Lacasa intentó quitar hierro a la situación, aunque varios invitados al acto afirmaban en los corrillos que tal y como está la situación de la aviación en España sería mejor no coger un avión.

El neologismo «loucostización» fue ampliamente cuestionado por los presentes. Yo lo asimilaré a abaratamiento empresarial a costa de la seguridad, la calidad del servicio y la verdad. Porque en la mesa de ponentes faltó uno de los eslabones más fundamentales en la cadena de la seguridad: la del periodismo independiente que debería informar a la población de lo que realmente está pasando y que de esta forma sea el ciudadano y consumidor el que valore si debe comprar un billete de avión en estas condiciones.

La seguridad aérea depende tanto de reguladores como de proveedores, que hasta el momento hacen oídos sordos de sus trabajadores especializados y, en un ejercicio cosmético, tratan de maquillar la realidad para salir re-elegidos en una elecciones, conservar su poltrona  y presionar a los medios de comunicación para que le oculten al consumidor final una realidad incómoda para los intereses de la industria.

En la III Mesa redonda querría ver a esa avestruz que esconde la cabeza que es la administración.

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