«Los muertos de José Blanco»

El ex-ministro José Blanco. JUAN CARLOS HIDALGO/EFE

EDITORIAL. Miserable. Así ha calificado el abogado del maquinista del Alvia accidentado en Angrois en 2013 al ex-ministro de Fomento José Blanco por sus declaraciones en la Comisión del Congreso que investiga dicha tragedia, en la que literalmente dijo sobre el operario: “Si no se siente culpable, allá cada cual con su conciencia”, eludiendo toda responsabilidad sobre la apresurada inauguración del tramo de vía en el que tuvo lugar la desgracia.

«Han sido palabras de un miserable e indigno representante político», añadió, refiriéndose a las palabras que le dedicó a su defendido el ex-ministro en su comparecencia. «Dice que el maquinista da prioridad a una llamada en lugar de frenar, seguramente quería decir que él dio prioridad a la inauguración en lugar de a la seguridad«.

No es de extrañar que el sindicato de Maquinistas (SEMAF) haya pedido el cese de Blanco de todos sus cargos. En un comunicado, afirman sentirse “atónitos, perplejos e indignados” al escuchar el ex-ministro eludir su responsabilidad “de manera miserable, acusando a otra víctima del desgraciado accidente del día 24 de julio de 2013”.

La reputación de José Blanco entre la propia clase política no deja lugar a dudas, quienes lo conocen no ahorran en calificativos: incapaz, autoritario, turbio, sin conocimiento alguno sobre los temas que debe tratar, y cuyo mayor virtud ha sido saber moverse en las sombras del Partido Socialista como “fontanero” y haber tejido mediante maniobras más bien oscuras una red clientelar que le ha llevado a continuar, inexplicablemente, en política casi diez años después de su atroz paso por el Ministerio de fomento.

Los controladores le conocemos bien. A quien ha sido capaz de parar un país cerrando su espacio aéreo por un simple cálculo electoral le importa poco la seguridad. Al igual que con la navegación aérea, las prisas por inaugurar las vías ferroviarias de alta velocidad en Galicia le llevaron a cortar la cinta antes de tiempo, sin haber cumplido con los mínimos requisitos de seguridad para ponerla en marcha. Pero la culpa, como no, es del maquinista.

Tres años antes de este accidente, los controladores nos desgañitábamos en las ruedas de prensa tratando de advertir sobre la inseguridad aérea que estaba provocando Blanco con sus constantes agresiones laborales, personales y profesionales, ahogados por la masiva campaña de comunicación del Ministerio. Por supuesto con nulo éxito. Después de alguna rueda de prensa, periodistas se nos acercaban para preguntarnos, más por preocupación personal que por otra cosa, ya que no les iban a dejar publicar nada de lo que estábamos diciendo, que si la cosa estaba tan mal como decíamos. Estaba peor. Les rogábamos que si se producía un accidente aéreo por favor no nos señalaran a nosotros desde el primer momento y trataran de investigar un poco más, que miraran hacia el Ministerio de Fomento para comprobar las medidas que habían llevado a la situación extrema que se estaba viviendo en las salas y torres de control. Afortunadamente no ocurrió, aunque estuvo muy cerca: 47 cuasicolisiones en el espacio aéreo español durante aquel año. Una cifra absolutamente bárbara.

Y llegó 2013. Y se produjo el accidente del Alvia. 80 fallecidos. Y la maquinaria de comunicación que tan bien le había funcionado poco tiempo atrás se puso en marcha para poner el foco en una sola persona, un trabajador, que cometió un error que por sí solo nunca debía haber provocado la tragedia. Y funcionó de nuevo. Blanco salió de rositas a su retiro dorado en el Europarlamento.

Poco después del accidente, uno de los periodistas presentes en esas ruedas de prensa que dábamos en 2010 se encontró con un controlador al que conocía. Se le acercó y le susurró: “mira, los muertos de José Blanco”. 

Pero la culpa, repitan con nosotros, es del maquinista.

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