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Caerse del guindo. Diez años del cierre del espacio aéreo español

DANIEL ZAMIT. Pecar de inocente o crédulo, caerse del guindo, puede ser un buen resumen del sentimiento que a muchos controladores aéreos españoles todavía nos provoca el rememorar el año 2010. Pensábamos que vivíamos, según reza nuestra Constitución, en un estado de derecho, pero después de lo visto durante aquel año, nos caímos del guindo. En nuestra opinión, el comportamiento que sufrimos desde el gobierno, desde el Ministerio al que estamos adscritos y desde la empresa pública en que prestamos nuestro servicio, distó mucho de las garantías legales que un estado de derecho debe observar para ser así calificado. Los distintos motivos que impulsaron a las anteriores instituciones a saltarse a la torera nuestro marco legal, amparados y vitoreados por casi todos los partidos políticos, prensa, ciudadanía y judicatura, no justifican, en nuestra opinión, el comportamiento abusivo que tuvieron contra un grupo de trabajadores cuyo único delito fue trabajar muy por encima de lo que la legislación establecía como adecuado: siempre por petición de la empresa ya que somos un colectivo escaso que nunca se ha dimensionado lo suficiente para atender la demanda de tráfico aéreo. 

Diez años después todavía colea el último proceso penal de los 22 que se abrieron para juzgar los sucesos que acontecieron en el puente de la Constitución de 2010. Desde el primer día fuimos culpables de una “huelga salvaje”. El que 20 de estos procesos hayan resultado en sentencias de sobreseimiento libre para los controladores ha sido obviado en gran parte de la prensa. La presunción de inocencia, que también recoge nuestra Constitución, se aplica a todos los ciudadanos pero no ha sido así con nosotros. En todas las noticias que hablan de aquellos días, siempre somos los únicos responsables del cierre del espacio aéreo, decisión política según han recogido muchos magistrados en sus sentencias, que NO tomamos nosotros y que nunca hemos estado capacitados para tomar. La continua campaña mediática que nos infligieron durante 2010 fue muy efectiva y en el imaginario popular seguimos siendo los culpables. El recorrido judicial de los procesos de Madrid y Mallorca nos han reafirmado en la creencia de que nuestro estado no es tan de derecho como ingenuamente creíamos. Los a nuestro juicio verdaderos responsables de ese cierre patronal, no han tenido ni siquiera que pasar por el juzgado a prestar declaración. 

Hemos aprendido a convivir y a trabajar con una losa en la espalda que hemos cargado durante diez años, la losa de sabernos inocentes cargando con una culpa ajena. La confianza entre la empresa y los controladores aéreos se rompió y todavía hoy no se ha restablecido: por ninguna de las dos partes. Tardará tiempo en solucionarse y seguramente los que vivimos aquellos tiempos convulsos, no lo veamos. El solucionar un conflicto laboral en democracia de la misma manera en que se solucionaban en los tiempos de la dictadura, con estados de excepción y militares al mando, habla mal de nuestra capacidad como estado de derecho para solucionar conflictos. Y abre heridas difíciles de cerrar. 

Hemos sacado conclusiones de todo este largo proceso. No volveremos a caer en la soberbia de dejar pasar oportunidades que mantengan nuestro trabajo y a nosotros mismos como una incógnita. Hemos hecho un ingente esfuerzo en comunicación pública sobre nuestra profesión, sobre el día a día del transporte aéreo, sobre las incidencias meteorológicas, operativas y de cualquier tipo que afectan a la navegación aérea y nos hemos convertido en referente de muchos ciudadanos a la hora de conocer las causas del retraso de su avión, del cierre de un aeropuerto o del tratamiento que se da a un avión en emergencia. Hemos hecho hincapié en la importancia que nuestro trabajo tiene a la hora de contribuir al motor económico de nuestro país, el turismo. Todo esto no evitará el que podamos volver a ser objetivo de una campaña tan basta como la que sufrimos, al igual que pasó después con profesores, bomberos o médicos, pero sí nos encontrará mucho mejor preparados para afrontarla con menos ingenuidad, más credibilidad y el conocimiento que da haber pasado por ello antes. Mientras tanto seguimos atendiendo a nuestros clientes, los aviones, con las mismas profesionalidad y seguridad con las que lo hemos hecho siempre. 

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