No disparen al controlador

Nathalie Hadj

José Blanco es, sin lugar a dudas, la figura emergente del Gobierno de Rodríguez Zapatero, el alumno aplicado que transgrede los límites de su cometido con tal de lograr el reconocimiento del jefe. Su necesidad de atención y de ganarse a codazos limpios su espacio en la Moncloa hace que no rechine ni le haga ascos al trabajo sucio.

Es más, parece estimularse especialmente en realizar aquellas tareas aborrecibles que rehúsan emprender los demás. Nadie puede poner en tela de juicio su entrega y obediencia absolutas, exaltadas y casi devotas. Prueba de ello la fervorosa cruzada que ha organizado contra los controladores aéreos que son como esos pianistas de tabernas del lejano Oeste, afanados en cumplir su trabajo pero que, en caso de estallar una reyerta, son los primeros en caer al recibir las primeras balas.

La elección por parte del Ministro de Fomento de este gremio de los controladores aéreos como cabeza de turco – por retomar una expresión que se adapte al carácter religioso que va recobrando esta lucha del Sr. Blanco contra este colectivo – no es anodina ni fruto del impulso, es resultado de una meticulosa reflexión que se podría resumir en lo siguiente : apuntemos a los controladores porque nadie en su sano juicio, con el decorado de fondo de una crisis económica de las peores de Europa, se atrevería a posicionarse a favor de una minoría de ligero horario de trabajo y pesado salario.

Ahora bien, el Sr. Blanco, prestidigitador mayor del Gobierno realiza la proeza de colocar verdades en la chistera para sacar mentiras enormes, condimentadas con una buena dosis de demagogia y manipulación, ingredientes imprescindibles para crear un chivo expiatorio idóneo, lapidable a demanda por la opinión pública que solo recibe una información, la suya, que resulta tan parcial como el hecho de oír en un juicio al acusado prescindiendo del testimonio de la víctima.

A continuación, pues, – considerando que el silencio, estoico y digno de Gandhi, de los controladores aéreos, ha perdido su razón de ser por el linchamiento constante y recrudecimiento de los ataques de los que son objeto – un complemento de información que el Sr. Ministro, por sobrecarga laboral y omnipresencia en los medios , ha omitido añadir:

«Indecente» es el adjetivo que más se oye cuando se comenta el alto sueldo percibido por los controladores aéreos. Indecente sería también el calificativo adecuado para definir el gesto de hacer público datos que no corresponden a la realidad, con la misma intención con la que se echaba, en los anfiteatros romanos, a los cristianos a las fieras para saciar la sed de sangre del público. No es cierto que la media salarial percibida por los controladores se eleve a 370 000 euros anuales. No es verdad y el Ministro de Fomento lo sabe, pero no ha podido resistir a la tentación de falsear un dato que suscita el aplauso fácil y la unánime indignación de una sociedad que cuenta con cuatro millones de parados entre los cuales, muchos, solo cobran 426 euros al mes. El salario medio es de un controlador es de 138.370 euros y se financia con las tasas aéreas, no con impuestos. Es mucho dinero, sí, pero otros profesionales como algunos médicos, notarios o dentistas cobran lo mismo e incluso más sin el riesgo añadido del estrés provocado por la responsabilidad de tener entre sus manos la vida de cientos de personas. Por no hablar de algunos jugadores de fútbol que ganan millón y medio al año por correr y darle, si hay suerte, a una pelota o a las cenicientas de San Blas que cobran entre 150 000 a 200 000 euros al año, por comer con la boca abierta en un programa televisivo, entornar los ojos y pegar voces separando bien las sílabas.

Los controladores aéreos no juegan con maquinitas de videojuegos. Cada puntito en la pantalla representa centenares de vidas y no hay una equivocación, una mala evaluación, una falta de atención, un exceso de cansancio posibles. El error es humano, cierto, y lo excusaríamos para cualquier otra profesión que no fuera la de controlador. Así de injusto es todo y por esa diferencia, tal vez, sea justificable un sueldo acorde con el riesgo asumido. Sus sueldos, que suscitan tanta indignación, se deben a las horas extraordinarias, unas 500 al año, que se ven obligados a realizar de manera a poder garantizar la fluidez del tráfico aéreo por la falta de previsión en la programación de los turnos por parte de AENA y de su negativa, desde hace cuatro años, en publicar una convocatoria para crear nuevos puestos de trabajo.

Ahora, el Sr. Blanco culpa al colectivo de controladores aéreos de la deuda de 12.000 millones de euros obviando que la causa principal de este desastroso estado de las cuentas se debe única y exclusivamente a las pésimas inversiones en infraestructuras realizadas por AENA y a una errónea redistribución de las tasas aéreas que, lejos de sufragar los costes por los servicios prestados contribuyen a aumentar el déficit. En resumidas cuentas – nunca mejor dicho, – y refiriéndonos al modelo europeo al que alude el ministro hasta la saciedad, mientras que en el resto de los países de la comunidad, se utilizan las tasas de aterrizajes para pagar los servicios de torre, aquí se pagan con las tasas de aproximación, reservando la partida de las tasas de aterrizajes para el gasto en infraestructura al que tanto apego le tiene el Sr. Blanco y que tan poca rentabilidad produce. La peligrosa gestión de AENA hace sospechar que lo que se avecina es la venta y la privatización de los aeropuertos ya que la deuda contraída y los elevadísimos intereses correspondientes – unos 800 000 euros diarios – ponen a la red de aeropuertos españoles a merced de sus acreedores extranjeros que podrían ejercer su derecho a embargo y se deben estar frotando las manos por lo apetitoso que resulta hacerse con semejante botín. La bajada de las tasas de navegación no es la panacea y como ya ha señalado un informe interno de controladores, no evitaría, en cualquier caso, el despido de unos 5 000 empleados de AENA para reducir el déficit anual de 300 millones de euros.

Todo apunta a que el Decreto ley del 5 de febrero de 2010 – sobre el que discutiremos más adelante la constitucionalidad – no fue un as en la manga que se sacó el Ministro para paliar una situación de emergencia provocada por una supuesta huelga de celo de los controladores, el pasado mes de diciembre. De ningún modo se trató de una huelga encubierta sino que fue el resultado, una vez más, de las pésimas previsiones de AENA a la hora de nombrar el personal necesario, estrategia que plantea de nuevo para semana Santa reduciendo un 50 % el personal de las torres, hecho que ha sido ya denunciado por temor a que las represalias, amparadas por los despidos libres que prevé el Decretazo, sean el objetivo oculto de semejante embestida.

Prueba de la premeditación y alevosía de las medidas emprendidas por el Ministerio de Fomento, resulta la creación, por INECO, empresa vinculada a AENA, hace ya tres meses de un curso de formación de personal AFIS (aerodrome flight information service), ese servicio de control llamado de «bajo coste» que se pretende implantar en pequeños aeropuertos para suplir la presencia de controladores aéreos y que tanto recelo suscita a nivel de seguridad tanto por parte de las compañías comerciales como de sus usuarios. Si las negociaciones aún no se habían iniciado, por qué motivo ya se habían previsto soluciones alternativas de esta índole? Las negociaciones acerca del convenio colectivo y la ruptura abrupta del diálogo no fueron más que una pantomima orquestada por el Gobierno para tener manos libres e imponer su voluntad bajo amenazas de despido inminente. No hubo acuerdo porque simplemente no hubo voluntad de solventar una situación emponzoñada desde hace años.

El Sr. Blanco quiere dar a entender que el colectivo de controladores aéreos es absolutamente prescindible, minusvalorando la ardua formación y la profesionalidad de aquellas personas que han sido sometidas a un meticuloso proceso de selección que requiere, desde luego, algo más que una formación universitaria y un alto nivel de inglés como se empeña en recalcar. Cita, para corroborar sus declaraciones, la mano dura del gobierno francés que decidió en 1973 recurrir a militares para remplazar a los controladores en huelga. Omite, el Ministro, recordar que de aquella experiencia bravucona e imprudente murieron 68 personas por la colisión de dos aeronaves españolas. Claro que, para alguien que practica con maestría el malabarismo verbal, como lo ejerce el Sr. Blanco es imprescindible olvidar detalles que anularían la validez de sus medidas y dejarían en evidencia su escasa preocupación por la seguridad aérea en claro desequilibrio con sus ansias de recortes salariales arbitrarias.

Mano dura es lo que entiende el Ministro que hay que aplicar para obtener credibilidad y amedrentar así a cualquiera que se atreva a cuestionar su poder. Con este fin, y sin ninguna necesidad puesto que no había estado de urgencia, ni se había agotado el convenio, modificó las condiciones laborales de trabajadores – vulnerando el Art. 37 de la Constitución que garantiza el derecho a la negociación – al arrojar un Decreto ley tan afilado como el hacha de una guillotina. El TSJ de Andalucía recoge en sentencias que el máximo asumible para trabajadores por turnos debe ser de 1 400 horas. Sin embargo, dicho Decreto, aparte de aumentar el tiempo de trabajo que pasa a ser el más alto de la comunidad europea, es decir unas 1 750 horas – en Francia, país de referencia del ministro, el horario de un controlador es de 1200 horas de las cuales 200 se destinan a formación – crea un servicio Express de disponibilidad inmediata del controlador so pena de despido inminente si llegara a faltar en su puesto de trabajo, así como un servicio de guardia, denominado con el eufemismo de «imaginaria» que consiste en la obligatoria localización del controlador antes y después del horario de servicio. Un Decreto-venganza más que un decreto ley.

Aún así, lo verdaderamente llamativo e incongruente del Decreto se sitúa en el hecho de otorgar los plenos poderes a AENA cuando precisamente su incapacidad en gestionar de forma correcta los aeropuertos españoles la designa como principal responsable de la situación y así consta en el escrito. La solución es tan surrealista e incomprensible como lo sería el hecho de recolocar de nuevo a Julián Muñoz al frente del Ayuntamiento de Marbella.

Ahora bien, solo el tiempo podrá demostrar que las soluciones vislumbradas por el Ministro de Fomento no se sostienen, que las cuentas no saldrán a pesar de la bajada de las tasas aeroportuarias previstas – las más bajas de Europa desde 1960, dicho sea de paso – y que no darán al traste con la administración caciquil de las empresas vinculadas a AENA dirigidas curiosamente por los mismos de siempre. Esperemos que cuando llegue ese momento, el colectivo de los controladores siga existiendo y desempeñando su labor como hasta ahora, a pesar del linchamiento, de la conspiración del silencio de la que son objeto a sabiendas de que 2 400 controladores no son responsables de que España se mantenga en recesión con 4 millones de parados cuando otros países ya salen a flote. Por el bien del cielo y de nosotros cuando volemos, no disparemos al controlador.

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