Credibilidades de gasolinera y conveniencia

Eloy Orgaz

A cualquiera que lea hoy la prensa nacional se le pondrán los ojos como platos y los pelos como escarpias, porque las presuntas maldades barriobajeras de José Blanco hacen ya correr ríos de tinta y el pollo no dimite ni con agua hirviendo.

Los «todólogos» de tertulia de café con pastas no hablan de otra cosa. Que si el Pepiño es un «corruto», que si los medicamentos caducados del Dorribo le iban a hacer rico, que si el presidente de AENA trabajaba en San José. Mucha chicha de golpe que cuesta digerir y que a algunos debe de estar induciendo un orgasmo de venganza.

Pero llama poderosamente la atención que muchas de las informaciones que hoy aparecen en la prensa sobre este dechado de virtudes que es Blanco y su camarilla de gestión al frente del Ministerio de Fomento no gozasen de credibilidad cuando, en el pasado, fueron otros los que las denunciaron. Estoy hablando de los controladores aéreos.

La infección de los aeropuertos fúngicos y fantasmagóricos que lleva años extendiéndose por España ya fue denunciada por los controladores a principios de 2009 cuando Blanco el vocero y sus más de 60 asesores iban pregonando la supuesta baja productividad de estos técnicos en esa red de setas aeroportuarias sin vuelos. Se llevaban a cenar a periodistas creadores de opinión para sembrar la semilla del decretazo, alardeando de una «reforma estructural» necesaria y de una «cornada» a los controladores. Pero a estos, ni caso.

Las irregularidades en la concesión de slots aeroportuarios en Barajas, que hoy publica el rotativo Libre mercado, lo mismo.

La escandalosa cifra de contratación de algunas constructoras gallegas a la buena sombra de Magdalena «la Maleni» Álvarez y del inclino «Pepiño el gasolineras», otro tanto.

Los chanchullos de la cúpula de AENA referentes a la gestión de recursos humanos y la programación de las horas de control, que desencadenaron un estado de alarma en nuestro país, más de lo mismo.

Vivimos, parece, en un país en el que el deporte nacional es hacer leña del árbol caído. Da lo mismo de quien se trate, el espectáculo debe continuar. Más madera, que esto arda. Pero todo este fétido asunto de Blanco y AENA ha estallado a quince días de las elecciones y no es casual.

Ese dechado de virtudes que ha resultado ser un ministro Blanco que presuntamente cobra en negro, versado en asuntos de hidrocarburos y tratos de favor (presuntamente), debería haber sido denunciado por la prensa hace años. Pero todos guardaron silencio temiendo las represalias de Pepe el de Fomento y su comandita de amigos gasolineros. Y lo sacan ahora. José Blanco ha recibido en sus carnes el mismo linchamiento mediático que él instigó contra otros. José Blanco merecería la misma presunción de inocencia, respeto y derecho a la defensa que él mismo no le aplicó a los controladores. Pero no la tiene.

La prensa española debería replantearse muy seriamente su papel en la sociedad. El corta pega de las agencias de noticias que llevan a cabo muchos medios demuestra una falta de profesionalidad y de interés que no deja en buen lugar a ese quinto poder que solo lo ejerce cuando conviene rebanarle el pescuezo al díscolo de turno. El oportunismo electoralista que persigue vender periódicos como churros en campaña electoral me hace recordar aquella frase de Forges que decía que algunos políticos y periodistas honran a su profesión cuando la abandonan.

Pero nadie menciona lo más grave. El que hechos de relevancia adscritos a un sumario secreto acaben en primera plana de un periódico es una absoluta barbaridad que tampoco parece importarle a nadie. Todos juegan ya con las mismas cartas y la misma falta de escrúpulos de una sociedad que está enferma hasta la médula de envidia, corrupción y mala leche. Pero da igual. Todos piensan que la realidad, la que fuere, no debe estropear un buen titular.

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