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El Gobierno recorta el número de controladores aéreos pese a los récords de tráfico

181 controladores aéreos menos que hace seis años. Esta es la cifra con la que el Ministerio de Fomento pretende hacer frente a las subidas exponenciales de tráfico aéreo que, mes tras mes, van marcando nuevos récords históricos.

Las causas son variadas, y afectan a ambos partidos mayoritarios (PP y PSOE), aunque qué duda cabe que si miramos bien, en la mochila del PSOE podemos encontrar el origen del desbarajuste total en el que se encuentra el control aéreo en España, y retrotraernos, una vez más, a los desmanes irresponsables del último Ministro de Fomento socialista, José Blanco.

Es irónico, aunque esperanzador para el futuro del sector, que haya sido un diputado malagueño del Partido Socialista el que ponga bajo la luz de los focos un problema que el sindicato mayoritario de controladores aéreos USCA lleva denunciando desde hace años: no sólo existe una insuficiencia palmaria de plantilla, sino que además, año tras año, el cuerpo de control aéreo ve disminuidos sus efectivos por las jubilaciones, bajas y la ineficiencia y extrema lentitud de Fomento a la hora de convocar nuevas plazas.

Según informa Público en un artículo de Eduardo Bayona (@e_bayona), la empresa pública Enaire, dependiente del Ministerio de Fomento, ha recortado la plantilla de controladores en los principales aeropuertos españoles, lo que, al coincidir con un aumento del tráfico aéreo a un ritmo del 8% por segundo año consecutivo, está provocando un incremento de la carga de trabajo y un recorte de los descansos en el colectivo, del que cuya intervención resulta clave para garantizar la seguridad de los aterrizajes.

Los principales recortes se concentran en Madrid, con la baja de 42 controladores en la torre de Barajas en seis años y otros 61 en menos de cuatro en el centro de control de la comunidad, mientras que en El Prat la reducción ha sido de tres.

A esto se añade la presión añadida de no otorgar muchos de los permisos establecidos en Convenio y en la legislación laboral a estos profesionales, a la vez que se les somete a jornadas extenuantes de alta carga de tráfico continuado sin establecer en muchos casos medidas preventivas para evitar situaciones comprometidas en la gestión del tráfico aéreo.

Según sigue informando Público, pese a los refuerzos de otras sedes como las de Palma (tercero del país en viajeros y operaciones, con casi 28 millones y más de 200.000 vuelos) y de los centros de control de Barcelona y de Canarias, Fomento admite en una respuesta parlamentaria al diputado malagueño del PSOE Miguel Ángel Heredia que la plantilla de controladores aéreos se ha reducido en más de un 8% (181 plazas) en seis años.

Y esto a pesar de la liberalización por parte del PSOE en 2011 de la gestión de 12 torres de control, ahora en manos privadas, con el consiguiente traslado forzoso de los controladores allí destinados a otras plazas.

Heredia, que califica de “tremendo” el recorte de personal en Barajas, va a presentar una batería de preguntas parlamentarias para “conocer los motivos por los cuáles si el tráfico aéreo está creciendo, por ejemplo en 2017 más de un 8%, el Gobierno está reduciendo el número de controladores aéreos, sobre todo en los grandes aeropuertos”. “Esta era una cuestión que los sindicatos aéreos habían denunciado en reiteradas ocasiones y ahora el propio Gobierno reconoce”, añade.

El diputado socialista también se va a interesar por saber “quién se encarga ahora del control aéreo” de los doce aeropuertos cuya seguridad aérea fue privatizada en 2011, así como por “donde se han trasladado los controladores aéreos que habían en ellos y qué tareas realizan actualmente”.

“Es obvio que hay más riesgos cuanto mayor es la carga de trabajo”

¿Afectan esos recortes a la seguridad de los vuelos? “El recorte de trabajadores es brutal”, señala Cayetano Conesa, de la sección sindical de CSIF en Aena, que anota que la última oferta de empleo sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades de personal y que eso se refleja en un aumento del trabajo. “Es obvio que hay más riesgos si el controlador tiene que estar más tiempo pendiente de la pantalla y soporta mayor carga de trabajo, y eso está ocurriendo”, añade.

De hecho, los principales problemas que arrastra la plantilla son el envejecimiento, con una edad media de 52 años y más de un tercio por encima de los 57 (la edad habitual de retirada en los países de la UE, tres posterior a la de EEUU), y la carga de trabajo, con una jornada oficial de 1.500 horas anuales que se amplía hasta las 1.600 y las 1.680 mediante turnos extra y que, simultáneamente, transforma la cadencia oficial de cinco días de trabajo y tres de descanso en una de seis con 48 horas de reposo, normalmente tras salir de un turno de noche para reincorporarse en uno de mañana.

La suspensión desde 2012, tras el laudo que siguió a la huelga de 2010, de la Licencia Especial Remunerada (LER) que permitía retirarse a los 57, hace que sigan en activo controladores de más de 60 años.

“El tráfico aéreo lleva dos años creciendo al 8% en España, pero hemos pasado cinco años sin aumentar la plantilla y cada año se jubila medio centenar de controladores”, explica uno de ellos, destinado en Barajas, que califica la situación de “dramática”. “No hay suficiente plantilla y en Recursos Humanos hacen orfebrería para cubrir el servicio -añade-, pero la realidad es que hay controladores prácticamente ‘ancianos’ que no pueden ser relevados por falta de recursos”.

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