Editoriales,  Opinión,  Política,  Portada

José Blanco sin vergüenza

Pero sin ninguna vergüenza en absoluto. El escándalo es mayúsculo, puesto que al casi graduado peor Ministro de Fomento de la historia le premian con un puestito en el Consejo de Administración de ENAGÁS pasando a engrosar la inmoral y repugnante lista de gestores que cruzan las puertas giratorias de la indecencia.

Y justo ahora. Justo cuando miles de héroes de la pandemia están quedándose abandonados en el arroyo de la precariedad, cuando miles de sanitarios ven como sus contratos no van a ser renovados o cientos de miles de autónomos tienen que agarrarse al frágil hilo de las ayudas estatales. Justo ahora.

Porque no tienen vergüenza. Al responsable del cierre del espacio aéreo en 2010, del que por cierto se fue de rositas entre alabanzas y vítores de los de la mano dura contra los trabajadores de siempre, al de las 47 cuasicolisiones en el espacio aéreo español en sólo un año, al de la privatización de AENA, al responsable político de las muertes del Alvia en Santiago de las que señaló cobardemente al maquinista, temeroso de perder los votos que había rapiñado cortando la cinta de inauguración demasiado pronto; al de los maletines en gasolineras, causa cerrada ad hoc en un proceso que a día de hoy no pasaría la prueba del algodón. A ese, a ese precisamente es al que tenemos que premiar con un puesto en algo de lo que no tiene ni idea por un jugoso sueldo de 160.000 euros al año más dietas y complementos y 10.600 euros por reunión.

A José Blanco, o Pepiño como le conoce media España, no lo aguantan ni en su casa. Y es bien conocido que la salida en política para librarte de los inútiles es darles una patada hacia arriba, a un puesto donde no molesten y en el que tengan suficientes privilegios como para no tirar de ninguna manta.

Porque José Blanco preparación lo que se dice preparación tiene la justa para atarse los cordones mientras escucha de soslayo alguna conversación comprometedora que le sirva para ascender en la escalera partidista. 

Es un villano de cómic, de los que te ríes por su patetismo pero que siempre sobrevive usando todo tipo de artimañas absolutamente visibles al ojo desnudo, del que no puedes evitar preguntarte si de verdad de la buena no había ninguno mejor. Porque sabes positivamente que ese cráneo previlegiado” pagado de sí mismo sería el último en cualquier lista de cualquier persona sensata, sabes que ninguna de las miles de empresas que van a tener que cerrar estos meses le contrataría para nada más que para lo que le contrata Enagás. Es decir, para nada. 

Ni en tiempos de épica y lucha como los actuales los mediocres dejan de medrar. Y uno ya no sabe si debería considerar normal que un ser tan siniestro e incapaz como José Blanco sea no sólo tolerado sino aupado por aquellos que más deberían denostarle.

Igual el problema somos nosotros, amigos. Igual en realidad somos un país de Pepiños, de iletrados, de vagos, de cobardes, de chulos y de ignorantes. O igual no. Igual somos un país de gente orgullosa, valiente, culta, humilde y alegre, un país lleno de trabajadores y trabajadoras que no dudan en jugarse el cuello por los demás, y que lo demuestra no sólo en los momentos de tragedia y catástrofe sino en su día a día. Un país que pone a sus débiles primero, tejiendo redes de solidaridad civil en tiempos de crisis sin perder ni un segundo la sonrisa.

Igual, sólo igual, somos un país que no se merece a Pepiño.

One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

17 − once =

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies