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Contra el enemigo invisible. Carta abierta de los controladores aéreos españoles

Parece mentira lo que cambian nuestras prioridades, nuestros anhelos y nuestras preocupaciones en tan sólo un par de semanas.

Parece mentira que hace un par de semanas una enfermera de Urgencias estuviera preocupada por dónde desayunaría después de una larga guardia, o si había dejado bien rellenado ese papel de su última actuación.

Parece mentira que el médico del Centro de Salud estuviera preocupado por el poco tiempo que podía dedicar a las consultas, o si había logrado que ese paciente al que lleva viendo años le haría caso esta vez y dejaría de fumar.

Parece mentira. Ahora mismo esa enfermera, ese médico, el personal sanitario de todas las dependencias hospitalarias de nuestro país han dado la vuelta a su vida entera y están metidos de lleno en la primera trinchera de una guerra contra un enemigo invisible.

No desayunan. O lo hacen cuando pueden. Se preguntan si el paciente que ha entrado de urgencia y al que están operando de apendicitis estará o no contagiado, pero ahí están en la mesa de operaciones sin rechistar. Se aislan en casa de sus seres queridos cuando vuelven a descansar por el miedo a haberse contagiado. Responden todas las dudas que vecinos, amigos, familiares y desconocidos les hacen incesantemente sobre la pandemia.

Y ahí están. Son la primera línea de batalla, nuestro frente. Los que se han colocado, muchas veces de forma voluntaria, entre nosotros y el monstruo. Son nuestros escudos humanos, nuestros gigantes frente al diminuto aunque letal enemigo. Pero son también humanos. Enferman, muchas veces para que no enfermen otros; lloran de frustración, de estrés, de rabia, y se animan unos a otros cuando se contagia un compañero. Echan de menos a sus familias, incluso dentro del hogar familiar en donde muchas veces eligen mantenerse aislados.

El resto sólo podemos observarles, admirarles y apoyarles cada día, dándoles fuelle con aplausos, vídeos de agradecimiento, mensajes en redes sociales o, ante todo y sobre todo, haciéndoles caso: quedándonos en casa, manteniendo la distancia de seguridad, saliendo o viajando sólo si es totalmente imprescindible, lavándonos las manos continuamente. Cuidándonos unos a otros, porque si enfermamos todos, nuestros gigantes no podrán cuidarnos. Porque son también humanos.

Pero no son los únicos.

Pilotos, TCPs, Bomberos, maquinistas, marinos, trabajadores de supermercado y tiendas de alimentación, funcionarios de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, miembros del Ejército, miembros de Mantenimiento de las infraestructuras críticas, personal de limpieza, periodistas, trabajadores de Medios de Comunicación, investigadores, y todos aquellos que en la sombra nos mantienen seguros, informados, conectados, que nos permiten viajar si tenemos que hacerlo y que mantienen nuestro entorno en funcionamiento y limpio.

A todos vosotros, héroes modernos, queremos deciros que los controladores aéreos estaremos también aquí, trabajando, siguiendo vuestra inspiración y guía. Poniendo nuestro pequeño granito de arena para evitar que el mundo se pare. Desde la dependencia de control más pequeña a la más grande, caiga quien caiga, pase lo que pase, estaremos a la altura.

A vuestra altura.

One Comment

  • Jose

    Tienes toda la razón solo nos queda agradecer a toda esa gente en primera línea luchando contra enemigo invisible. Realmente son héroes sin capa.

    Saludos desde Oviedo

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